>BR> Desde el 10 de Enero de 2001


El Santurario de las mariposas Monarca

 Aprovecho para compartir con vosotros una experiencia que tuve hace algunos años cuando visité el Santuario de las mariposas Monarca en la Sierra Madre de México. Fue una experiencia de esas que se recuerdan siempre porque son algo totalmente fuera de lo normal, casi mágico.

      En primer lugar debo decir que toda esa zona presenta una problemática social y económica muy fuerte y eso es algo repercute en gran medida en la situación del bosque y que pone en peligro la misma supervivencia de la especie en Norteamérica; pero ese es un tema muy amplio del que en otro momento podríamos hablar; ahora quisiera limitarme a narrar la experiencia de aquella visita extraordinaria.

      Fue el año 96, si no recuerdo mal, cuando un grupo de amigos organizamos una excursión al Santuario de las Mariposas Monarca. Al principio no teníamos muy clara su exacta localización ya que durante un tiempo fue una especie de lugar legendario del que todo el mundo hablaba pero no todos sabían cómo llegar. Por unos amigos de esa zona me enteré de que todo estaba cerca de una población llamada Ciudad Hidalgo y más concretamente a pocos kilómetros de un pueblo llamado Angangueo, que no mucho tiempo atrás había salido a la luz en la prensa a causa de una serie de conflictos entre los madereros y las poblaciones de mariposas. Luego solamente tuvimos que localizar la población. Con una guía del estado de Michoacán no fue difícil descubrir el lugar exacto.

     Hoy todo esto es muy diferente y en la actualidad es relativamente sencillo encontrar en la red mapas concretos del lugar, anuncios de hoteles de la zona con viajes organizados y todo tipo de fórmulas comerciales de excursiones turísticas.

      Vamos a ver. Una idea general de la localización: La Ciudad de México, La Megalópolis de 22 millones de habitantes que todos llaman El D.F. (Distrito Federal) se extiende por una gran llanura (Anteriormente una extensa laguna) que ocupa un altiplano a 2400 metros sobre el nivel del mar rodeado por altísimas montañas cubiertas de densos bosques de abetos. Al Sudeste del casco urbano se elevan las dos cumbres siempre nevadas de los dos volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl que son palabras nahuatl (Azteca) que significan respectivamente "La Montaña que fuma" y "La Dama Blanca". Al Oeste, sin embargo las cumbres son ligeramente más bajas y comunican por carretera a través de túneles con unos extensos altiplanos de enormes bosques y más allá una desangelada ciudad industrial, llamada Toluca. Esta población gris, sucia, extremadamente ruidosa y neblinosa se encuentra en medio de unos páramos fríos y húmedos, cruzados por viejas acequias flanqueadas de interminables hileras de sauces pequeñitos. Más al Oeste y al sur se levanta la mole oscura de otro volcán que llaman "El Nevado" aunque rara vez lo está. Seguimos por la carretera hacia poniente y el paisaje vuelve a hacerse más verde y bonito. Comienzan las colinas boscosas que son las arrugas finales de la Cordillera Neovolcánica antes de precipitarse en las llanuras templadas e interminables que recogen las aguas de lluvia hacia la cuenca del río Balsas.

      Antes de dejar la Sierra y en la parte en que el estado de México se une al de Michoacán aparece un lugar muy estimado por veraneantes adinerados que se llama Valle de Bravo y que es una hoya ocupada por un lago artificial entre colinas densamente arboladas por las que trepan las urbanizaciones y los chalets entre pequeñas cascadas. Un poco más al norte está la zona del santuario. Es una tierra poco poblada de malas carreteras y peor señalización, varios pueblos de comunidades indígenas y algunas ciudades no muy grandes. Si unimos con una línea imaginaria tres de ellas, Zitácuaro, Ciudad de Hidalgo y El Oro de Hidalgo formamos un triángulo, uno de cuyos lados coincide más o menos con una cresta montañosa algo curva que es precisamente el lugar en el que se ubican cuatro de los seis santuarios de Mariposas. Junto a esa cresta redondeada está el pueblo de Angangueo que es como una mancha de casas en una pradera que la carretera atraviesa, con una Iglesia colonial de color blanco bastante grande.

     Desde allí con una Camioneta o un Jeep te llevan por un camino pedregoso y muy polvoriento atravesando los campos resecos hacia las laderas de color muy oscuro, donde están los árboles grandes. A estas alturas hay que decir algo sobre el clima. Esta parte de México tiene dos estaciones principales; una de ellas húmeda que se extiende desde mayo a octubre y durante la cual cae un chaparrón intenso, pero breve casi cada día (teniendo en Junio un pico de tormentas bastante violentas). La estación seca se extiende desde mediados de octubre hasta finales de Abril o principios de mayo y durante ella no llueve prácticamente nunca y el cielo permanece despejado. En cuanto a las temperaturas podemos decir que no son cálidas, pues estamos casi a tres mil metros de altura, pero tampoco frías porque estamos a unos 19 grados de latitud norte, o sea, si cambiamos de continente para hacernos una idea, a la altura del Sudán, más al sur incluso que el desierto del Sahara, y eso es muy cerca del ecuador, o sea en pleno trópico. Diferencias entre Verano e invierno casi no hay, porque la lluvia de verano hace más fresco el verano y la sequía invernal llena de sol los meses de frío. Las mariposas de todo el norte de México, todo Estados Unidos y Canadá empiezan el viaje hacia el sur, hacen unos 120 kilómetros cada día y se van congregando en grupitos que vuelan a baja altura durante las horas de sol y que misteriosamente se dirigen sin dudarlo y de un modo misterioso hasta este pequeño y concreto lugar de México. Digo misterioso y la palabra se queda muy corta porque estas mariposas han nacido en cualquier lugar del continente, nunca han visto las tierras de México que están muchos miles de kilómetros al sur, pero su instinto les hace dirigirse allí sin vacilar. Es un fenómeno que en estos momentos no parece tener una explicación clara.
                       SANTUARIOS DE LA MARIPOSA MONARCA

      Las carreteras mexicanas de la zona tienen a menudo señales de tráfico que indican - atención; lugar de tránsito de mariposas - porque ellas vuelan en grupitos a muy poca altura; apenas un metro y medio o un poco más del suelo, y en ocasiones el paso de un vehículo a altas velocidades en la época en que están llegando podría crear una masacre.

      El todo terreno se detiene en medio de una explanada polvorienta que es algo así como un aparcamiento y allí ves multitud de coches, rams charger, camionetas de todos los lugares imaginables y varios países. Algunos lugareños corren a tu encuentro para ofrecerte el servicio de vigilar tu coche durante tu estancia por unas cuantas monedas. Hoy día los pesos mexicanos equivalen a lo que eran unas 16 pesetas, o sea, de un modo aproximado unos 10 céntimos de euro. Más adelanta una pista comienza a ondular entre los campos resecos (recordemos que las mariposas están aquí solamente en invierno, que es la estación seca). Alrededor de la pista hay decenas de casetas de chapa y madera, así como puestos de humeante comida y refrescos, tiendecitas (tianguis les llaman allí) gestionadas por amables y eternamente sonrientes señoras indígenas de los pueblos cercanos. Es un ambiente festivo, hay tinas de aluminio con hielo y botellas de bebidas, cervezas. Viejos bidones de petróleo ultilicados como hornillos con brasas donde se calientan frituras, comales donde algunas chicas amasan tortillas de harina de maíz, cazuelas con chicarrones, puestos de souvenirs con mariposas de papel, figuritas de escayola y telas de colorines. La verdad que cuando fui había mucha gente. Sobretodo turistas extranjeros, de USA, españoles, japoneses, y también familias adineradas de la Ciudad de México con sus hijos. Era un flujo constante de turistas llegando y viniendo a lo largo del día, en autocares, camionetas e incluso subidos en grupitos sobre camiones pequeños de carga.

      Más arriba la senda se introduce en la sombra que ofrecen las lindes de un bosque todavía disperso, donde el aroma del abeto mexicano que allí se llama Oyamel (Abies religiosa) comienza a sobreponerse al olor de la comida y a los ruidos estridentes de los radiocasettes. Una casa de madera con unos guardas nos indica el inicio de la reserva biológica. En la casa un aula con posters e informaciones diversas acerca de las mariposas nos enseña los datos principales sobre la biología de estos insectos, hace las recomendaciones pertinentes y expone las normas de la reserva natural. Más adelante comienza el ascenso entre los árboles por una pista de tierra amarillenta que serpentea entre arbustos bajo el dosel claro de los grandes árboles. La periferia del bosque no es densa, pero comienza el misterioso silencio y la presencia de las mariposas que se adivina aquí y allá con la aparición ocasional de alguna que otra monarca, volando en la luz como un palpitante espejuelo naranja. Más adelante te das cuenta de que las mariposas te acompañan en el camino, cada vez hay más y todas suben contigo hacia el bosque (estamos en noviembre, cuando aún están llegando las más rezagadas). Tres o cuatro mariposas van a tu lado, a la altura del pecho, volando sin prisas camino arriba. Las personas seguimos el camino y las mariposas están más bien sobre la cuneta, pero también ocasionalmente se te ponen delante, donde el sol está presente y hace más calor que entre los árboles. Se crea un ambiente muy especial.

      De repente hay un claro grande en el bosque, una ladera inclinada con unos regatos de agua que serpentean entre las hierbas, una pradera con hierbas altas y algunos arbustos florecidos. Noviembre es una época de muchas flores en las zonas de clima biestacional. La gente se sienta en grupos. Las mariposas son más abundantes. Aquí el camino hace un rodeo, una gran curva, pero las mariposas siguen en línea recta hacia el santuario. Las que vienen volando desde otro lugar crean una segunda corriente transversal al camino y las ves atravesando al vuelo entre la gente, pasan por delante tuyo, ocasionalmente se detienen en tu hombro o sobre tu camiseta, aletean un poco y siguen volando. Son muchas, no parecen tener miedo, allí ellas son las anfitrionas y el hombre es solo un visitante. Es su lugar.
      Nos habíamos quedado en el claro del bosque, un camino que hacía una curva y luego avanzaba de nuevo hacia los árboles. La temperatura era templada, el cielo terso como de porcelana con alguna nube dispersa y despistada flotando cerca del horizonte...pero veámoslo cómo fue en presente:

      Allí donde en el suelo corre un regato de agua que serpentea y se remansa en pequeños charcos, las mariposas se acumulan en silencio. Cubren toda la orilla como una hilera móvil, vivamente coloreada en torno al espejo de agua, un encaje de alas que se abren y cierran constantemente, con lentitud majestuosa. La monarca cuando está posada en algún lugar extiende las alas sin cesar, con amplios y pausados movimientos muy curiosos...luego las vuelve a plegar, aunque no totalmente sobre su cuerpo grande, de un negro de terciopelo muy profundo con grandes lunares blancos.

      Las normas del parque explican que está totalmente prohibido, claro está, cazar mariposas y ni siquiera recoger las que están muertas (ya que algunos sin escrúpulos las matarían y luego dirían que las encontraron así). De hecho sería muy sencillo cogerlas porque a menudo se detienen encima tuyo unos instantes, trepan por el brazo equilibrando sus largas patas con aleteos (la tela de nuestra ropa se les engancha un poco en las patas) y luego, al llegar al hombro reemprenden el vuelo, se unen a las demás en grupos de tres o cuatro, y siguen ascendiendo la ladera hacia el oscuro bosque que un poco más allá filtra los rayos del sol como una catedral antigua y vegetal.

      El camino gira y entre unos desmontes se precipita en el sotobosque, ya hemos llegado al santuario, ante nosotros se extiende un expectáculo fastuoso. Los abetos reciben el sol en sus ramas cubiertas de mariposas. Ya no son unas cuantas, son miles, decenas de miles...en realidad son millones. Tal árbol vemos que está semi cubierto por un movedizo fantasma anaranjado. Densos cortinajes de mariposas balanceándose ligeramente. Las alas naranjas tienen un brillo satinado, casi reflectante. Otro árbol tiene las ramas de un lado caídas bajo el peso de los insectos, que casi tocan el suelo en larguísimas cadenas. Es mediodía y el sol ha activado el movimiento de esos cuerpecillos que al amanecer estaban inmóviles. El siguiente árbol está completamente oculto bajo los Lepidópteros. En las ramas hay unas largas y gruesas columnas ondulantes de mariposas, grandes colgaduras formadas por cuerpos vivientes que se mueven constantemente pero sin nerviosismo, no caminan, aletean un poco, se sujetan con las patas a las ramas y al cuerpo de las demás. Sobre tu cabeza y tus hombros, en el aire quieto un chorro de mariposas llueve hacia delante, y se introduce en el laberinto. Un poco de viento agita y balancea las copas puntiagudas desprendiendo algunas mariposas que flotan un instante somnolientas y luego se vuelven a adherir al árbol. hace calor, pero no mucho, la atmósfera es seca en ese florido otoño de montaña, pero dentro del bosque no se ven muchas flores, solamente algunos arbustos.

      Donde comienzan a ser las mariposas extremadamente abundantes hay un guarda que te impide el paso. Dos o tres metros más allá el camino desaparece entre manchas de mariposas que cubren el suelo a trechos, pero la mayoría están en las ramas de los árboles. Realmente es muy difícil de describir. La sensación es penetrante y progresiva, es mágica. Somos unas cien personas detenidas a tres metros de las enormes masas de mariposas y siguen llegando más personas. Las que llevan un rato allí son invitadas por el guarda a retroceder por el camino para dejar paso a los que están llegando.

     Hay todo tipo de reacciones, desde niños excitadísimos que resoplan y dan saltos imaginando las refinadas torturas que harían sus "inocentes" manos con tanto bicho volador a mano, hasta adolescentes que miran las mariposas con simulada indiferencia para no parecer demasiado atentos y normales, no sea que alguien crea que reaccionan con el mismo entusiasmo que sus padres, lo que sería digno de la eterna maldición de sus amigos. Desde hombres y mujeres ancianos, que superados los prejuicios de edades anteriores, disfrutan con la inocencia de un pequeñito pero atesorando en sus frentes arrugadas la sabiduría de una vida que les ha enseñado que las cosas verdaderamente bellas son sencillas, hasta chicas en edad de merecer que, viéndose junto a apetitosos chicos jóvenes hacen ridículos gritos de terror cuando una mariposa se les sube en el jersey, pera ver si algún chico les compadece y ayuda poniéndoles la mano encima.

      Los matrimonios de edad mediana contemplan risueños, como transportados a otro planeta. En sus corazones se despiertan algunos sentimientos apagados desde la infancia, algunas ilusiones e impresiones remotas de cuando sus almas eran infantiles y felices. Esta apertura es sana y energética y derrama en sus corazones una lúcida ilusión que se extiende como un bálsamo y que permanecerá desde ese momento en adelante. Algunas personas solitarias ríen, algunas muy sensibles lloran dando gracias por algo que quizá nunca soñaron ver en parte alguna. Alguna muchacha saca su cuaderno y comienza a dibujar con su lápiz blando, trazando en la hoja, con rápidos movimientos, el retrato de una mariposa que luego en casa dará color.

      Algunos dicen que si escuchas en silencio puedes oír los aleteos de tantos millones de insectos volando a la vez. Creo recordar haber sentido ese rumor apagado, como un susurro envuelto en terciopelo, pero no puedo asegurarlo. Quizá si la gente hubiera estado callada hubiera sido más sencillo; pero ... ¿cómo puedes callar en un momento así? Tienes ganas de decir infinidad de cosas a las personas que te rodean.

      En fin. Todo se acaba antes o después, y tras un rato de estar allí tienes que volver. Abandonas el santuario lentamente, sin ganas y volviendo la vista atrás cada cuatro pasos. A ello te impulsan las mariposas que siguen llegando con los demás turistas y que ahora te las encuentras volando de cara a ti, pues ellas, en noviembre, solamente suben, no se marcharán hasta febrero.

      Aterrizas en el llano como el que regresa a algo un poquito más prosaico, con sus tenderetes, sus souvenirs, sus puestos de comida, y sus ruidosas canciones mexicanas cuyo único, eterno y exclusivo tema es el amor traicionado. En medio del polvo de camionetas que emprenden la marcha llegas al pueblo y de allí te lanzas a la carretera, cada uno hacia su lugar de origen, aprovechando una tarde transparente que se va oscureciendo entre los bosques del camino.

      En el camino de vuelta haces algunas reflexiones. Las mariposas monarca son grandes, de color encendido y parecen pequeños vitrales por tener las venas de las alas dibujadas en intenso color negro. Todos los ejemplares son prácticamente idénticos y cuando los ves juntos parecen un tapiz coherente. Las hembras tienen las nervaduras con un negro más ancho y los machos tienen dos pequeñas manchas simétricas cerca del borde interno de las alas posteriores. Las orugas son también muy bonitas pero no ves ninguna en el santuario porque allí pasan el invierno, pero no han venido a reproducirse. Las Monarca son mariposas muy resistentes, las alas son grandes y el tórax es fuerte. Son unos insectos que tienen aspecto vigoroso y un vuelo seguro, no rápido pero constante. Los pájaros no se las comen porque tienen un desagradable sabor que anuncian con sus vivos colores y que proviene probablemente de unas sustancias venenosas que obtienen de las Asclepias, las plantas de las que sus orugas se alimentan. El camino durante la primavera, verano y otoño de México a Canadá y volver no se desarrolla en una sola generación. Hay un misterio en todo esto. Las mariposas que en febrero salen del santuario se dirigen hacia el norte, se dispersan tras aparearse y ponen sus huevos en las plantas de algunas zonas del norte de México o el sur de los Estados Unidos. Estas mariposas mueren después de poner los huevos y generalmente no llegan a su destino. Las orugas que nacen de estos huevos nacen, crecen, se desarrollan y se convierten en crisálidas como barrilitos verdes colgados boca abajo de las plantas y al nacer las mariposas siguen su viaje hasta el norte de Estados Unidos y Canadá. Al llegar comienzan una nueva generación veraniega. Esta generación veraniega nunca ha visto el santuario ni siquiera sus padres que nacieron en el viaje de regreso. Son especialmente abundantes en el noreste del continente y en el estado de Nueva York. La nueva generación se completa en el otoño y estas mariposas serán las que volverán al santuario. ¿Cómo lo hacen? ¿Por qué? Creo que el misterio no es solamente la orientación, sino el por qué van a estos lugares tan precisos. Cuando vas al santuario te da la sensación que es un bosque como tantos otros miles de bosques extendidos por el continente. Ni siquiera es un lugar de clima especialmente benigno y a veces las noches son frías y desapacibles. ¿Qué mueve a mariposas nacidas en Canadá volar hasta un lugar pequeñísimo de México y quedarse allí todo el invierno? ¿qué las mueve a todas ellas, dispersas por toda Norteamérica a ir al mismo sitio? ¿Cómo lo reconocen y cómo llegan a él partiendo de lugares tan diferentes cuando ni siquiera sus padres, la generación intermedia, estuvo en ese lugar?

      Muchas son las preguntas que hacerse, y mucha la investigación que queda por llevar adelante. En mi caso lo que deseo es poder tener la oportunidad de regresar algún día. Quién sabe si en el futuro dentro de este mismo grupo de amigos de la lista podemos hacer un viajecito. No sé, soñar es sano y gratuito. Bueno, aquí termino.

      Espero que os haya gustado este relato y espero no haber sido demasiado pesado.
PD: ¿se nota que me gustan las monarca? de hecho me gustaría poder en casa ensayar su cría, pero no sé exactamente dónde conseguirlas. De momento he pedido unas plantas de Asclepias para empezar a cultivarlas.

            Un abrazo a todos


Francisco Javier Carpi
(Recogido con permiso del autor de mariposas@eListas.net)
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