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Los
insectos en la lucha contra las bacterias |
Siempre
supimos la importancia de los insectos en nuestra vida y nuestra salud.
La entomofagia es un buen ejemplo, aunque todavía en España
sea muy poco
practicada
o casi nada, sobre este tema no voy a extenderme pues no es el objetivo
del artículo. Por otro lado
las abejas también aportan un alimento que tiene incluso en
nuestra salud mucho que decir. Recordemos
a la Litta vesicatoria o mosca de España cuyos élitros
contienen cantaridina y se utiliza en farmacología. Podríamos
citar muchos
ejemplos,
sin embargo la ciencia no para en sus investigaciones y nos sorprende
con algo que seguramente agradeceremos
todos: ¡los insectos pueden ayudarnos en la lucha bacteriana!,
cierto, en aquellas bacterias resistentes y en todas las demás,
virus
y hongos.
Tras
la captura del insecto lo inmovilizan y le recogen muestras de sangre.
Otros son congelados para no alterar su química. También
se crían y así pueden recoger muestras biológicas
en cada una de sus fases (huevo, larva, crisálida e imago).
No exageramos cuando afirmamos que la curación de un enfermo
puede depender de la captura del insecto esperado con un cazamariposas
o atraído por una trampa de luz u otras técnicas de
las que se valen los entomólogos para atraer a los insectos.
Bacterias como Staphylococcus
aureus, Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa...
consiguen hacerse fuertes y burlar la acción de los antibióticos.
Es lo que se llama resistencia bacteriana y que ya pudo comprobarse
dos años después de que se pusiera a la venta el primer
antibiótico (1947).
Diez años después
algunas bacterias ya eran inmunes a las tres familias de antimicrobianos
que habían en aquella época. Actualmente el porcentaje
de cepas de Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina
ha pasado de un 5% en el año 1990 a un 45 % en el 2002. Pero
todavía hay datos más escalofriantes: bacterias como
el Enterococcus faecalis, la mencionada anteriormente Pseudomonas
aeruginosa y el Micobacterium tuberculosis, potencialmente
letales, son resistentes a más de cien antibióticos.
Estas superbacterias se mueven
por hospitales, hogares, residencias de ancianos, colegios... ¿qué
sucederá en un futuro, quizá no muy lejano, si las superbacterias
aumentan su resistencia a más y más antibióticos?
Es importante buscar nuevas fórmulas, y aquí entran
los insectos. Según el doctor Jean-Luc Dimarq que extrae unas
sustancias del sistema inmunológico de ciertos insectos, nos
dice, que gracias a estas sustancias podríamos luchar contra
microorganismos resistentes. Apunta a los péptidos antimicrobianos
que están presentes tanto en plantas como en animales y que
son utilizados por estos para combatir eficazmente a los microbios
como bacterias, hongos... Ya en la década de los 80 el investigador
sueco Hans Boman y su equipo (Estocolmo) aislaron el primer PAM (péptido
antimicrobiano) en la crisálida del gusano de seda. Actualmente
se han identificado más de 800 en animales como las ranas,
las abejas, los cerdos... y vegetales como los rábanos. Estos
péptidos debido a su estructura y mecanismo de actuación
hacen muy complicada la aparición de resistencias.
Por eso Entomed
y otros laboratorios han apostado por orientar sus investigaciones
hacia los insectos. No cabe duda que es el sector con mayores éxitos
en la supervivencia y adaptación en todos los hábitat.
Parece obvio que uno de los importantes factores que han colocado
ha estos seres entre los más adaptados es su sistema inmunológico.
Es cierto que la mayoría carecen de la posibilidad de crear
nuevas células inmunitarias, ni siquiera son capaces de producir
anticuerpos, pero por otro lado tienen un mecanismo de defensa muy
evolucionado y perfeccionado.
Los microbios cuando consiguen
entrar en el cuerpo de los insectos el cual se halla muy bien sellado,
se encuentran con algo inesperado, los péptidos y polipéptidos
microbianos. El tiempo de reacción es certeramente corto.
Se ha podido comprobar que los
PAM pueden cosecharse en la hemolinfa del insecto entre 2 y 4 horas
después de la infección, lo cual significa que se fabrican
130 veces más rápidamente que las primeras inmunoglobulinas
en personas. Además, los insectos son capaces de sintetizar
diferentes PAM según el agente infeccioso. Tal es su especialización
en el combate microbiano que es puede sintetizar más de 18
péptidos bactericidas que operan según un programa genético.
De todos es conocida la mosca
de la fruta, Drosophila melanogaster , pues al parecer contiene
al menos unos cinco péptidos: atacina, cecropina, defensina,
diptericina y drosocina. La cecropina fue uno de los primeros péptidos
identificados en los insectos (Boman, 1981), que actúan sobre
las bacterias Gram, también sobre virus y hongos. Se producen
cuando se inyecta un agente infeccioso en la hemolinfa de la mariposa
de la seda Hyalophora cecropia.
 Hyalophora
cecropia. Oruga e imago |
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Parece ser, según investigaciones
del doctor Paul H. Axelsen, farmacólogo en la Universidad de
Pensilvania,
que la cecropina A penetra en el interior de la bacteria y se hace
con el control de sus genes.
Después de esto un número
importante de insectos, lepidópteros, coleópteros, himenópteros,
dípteros... son estudiados con el afán de aislar péptidos
antimicrobianos. Ya tenemos casi
200 identificados y la mayoría han sido por el esfuerzo investigador
de Entomed. Actualmente
la carrera todavía no ha terminado y la meta no está
cerca. Las investigaciones continúan y entre los últimos
hallazgos puede estar un péptido encargado de anular las cepas
de Staphyulococcus aureus.
Extraído
en parte del artículo
“Antibióticos de seis patas”
de Enrique M Coperías.
Revista “Muy Interesante”
nº 275 páginas 100-112.
1/05/2004