Desde el 10 de Enero de 2001





Los insectos en la lucha contra las bacterias

      Siempre supimos la importancia de los insectos en nuestra vida y nuestra salud. La entomofagia es un buen ejemplo, aunque todavía en España sea muy poco practicada o casi nada, sobre este tema no voy a extenderme pues no es el objetivo del artículo. Por otro lado las abejas también aportan un alimento que tiene incluso en nuestra salud mucho que decir. Recordemos a la Litta vesicatoria o mosca de España cuyos élitros contienen cantaridina y se utiliza en farmacología. Podríamos citar muchos ejemplos, sin embargo la ciencia no para en sus investigaciones y nos sorprende con algo que seguramente agradeceremos todos: ¡los insectos pueden ayudarnos en la lucha bacteriana!, cierto, en aquellas bacterias resistentes y en todas las demás, virus y hongos.

      Tras la captura del insecto lo inmovilizan y le recogen muestras de sangre. Otros son congelados para no alterar su química. También se crían y así pueden recoger muestras biológicas en cada una de sus fases (huevo, larva, crisálida e imago). No exageramos cuando afirmamos que la curación de un enfermo puede depender de la captura del insecto esperado con un cazamariposas o atraído por una trampa de luz u otras técnicas de las que se valen los entomólogos para atraer a los insectos.
      Bacterias como Staphylococcus aureus, Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa... consiguen hacerse fuertes y burlar la acción de los antibióticos. Es lo que se llama resistencia bacteriana y que ya pudo comprobarse dos años después de que se pusiera a la venta el primer antibiótico (1947).


Staphylococcus aureus

Escherichia coli


Pseudomonas aeruginosa

Micobacterium tuberculosis


Enterococcus faecalis. Representa como finos granos basófilos.

      Diez años después algunas bacterias ya eran inmunes a las tres familias de antimicrobianos que habían en aquella época. Actualmente el porcentaje de cepas de Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina ha pasado de un 5% en el año 1990 a un 45 % en el 2002. Pero todavía hay datos más escalofriantes: bacterias como el Enterococcus faecalis, la mencionada anteriormente Pseudomonas aeruginosa y el Micobacterium tuberculosis, potencialmente letales, son resistentes a más de cien antibióticos.
      Estas superbacterias se mueven por hospitales, hogares, residencias de ancianos, colegios... ¿qué sucederá en un futuro, quizá no muy lejano, si las superbacterias aumentan su resistencia a más y más antibióticos? Es importante buscar nuevas fórmulas, y aquí entran los insectos. Según el doctor Jean-Luc Dimarq que extrae unas sustancias del sistema inmunológico de ciertos insectos, nos dice, que gracias a estas sustancias podríamos luchar contra microorganismos resistentes. Apunta a los péptidos antimicrobianos que están presentes tanto en plantas como en animales y que son utilizados por estos para combatir eficazmente a los microbios como bacterias, hongos... Ya en la década de los 80 el investigador sueco Hans Boman y su equipo (Estocolmo) aislaron el primer PAM (péptido antimicrobiano) en la crisálida del gusano de seda. Actualmente se han identificado más de 800 en animales como las ranas, las abejas, los cerdos... y vegetales como los rábanos. Estos péptidos debido a su estructura y mecanismo de actuación hacen muy complicada la aparición de resistencias.
      Por eso Entomed y otros laboratorios han apostado por orientar sus investigaciones hacia los insectos. No cabe duda que es el sector con mayores éxitos en la supervivencia y adaptación en todos los hábitat. Parece obvio que uno de los importantes factores que han colocado ha estos seres entre los más adaptados es su sistema inmunológico. Es cierto que la mayoría carecen de la posibilidad de crear nuevas células inmunitarias, ni siquiera son capaces de producir anticuerpos, pero por otro lado tienen un mecanismo de defensa muy evolucionado y perfeccionado.
      Los microbios cuando consiguen entrar en el cuerpo de los insectos el cual se halla muy bien sellado, se encuentran con algo inesperado, los péptidos y polipéptidos microbianos. El tiempo de reacción es certeramente corto.
      Se ha podido comprobar que los PAM pueden cosecharse en la hemolinfa del insecto entre 2 y 4 horas después de la infección, lo cual significa que se fabrican 130 veces más rápidamente que las primeras inmunoglobulinas en personas. Además, los insectos son capaces de sintetizar diferentes PAM según el agente infeccioso. Tal es su especialización en el combate microbiano que es puede sintetizar más de 18 péptidos bactericidas que operan según un programa genético.
      De todos es conocida la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster , pues al parecer contiene al menos unos cinco péptidos: atacina, cecropina, defensina, diptericina y drosocina. La cecropina fue uno de los primeros péptidos identificados en los insectos (Boman, 1981), que actúan sobre las bacterias Gram, también sobre virus y hongos. Se producen cuando se inyecta un agente infeccioso en la hemolinfa de la mariposa de la seda Hyalophora cecropia.


Hyalophora cecropia. Oruga e imago


      Parece ser, según investigaciones del doctor Paul H. Axelsen, farmacólogo en la Universidad de Pensilvania, que la cecropina A penetra en el interior de la bacteria y se hace con el control de sus genes.
      Después de esto un número importante de insectos, lepidópteros, coleópteros, himenópteros, dípteros... son estudiados con el afán de aislar péptidos antimicrobianos.       Ya tenemos casi 200 identificados y la mayoría han sido por el esfuerzo investigador de Entomed. Actualmente la carrera todavía no ha terminado y la meta no está cerca. Las investigaciones continúan y entre los últimos hallazgos puede estar un péptido encargado de anular las cepas de Staphyulococcus aureus.


Extraído en parte del artículo
“Antibióticos de seis patas”
de Enrique M Coperías.
Revista “Muy Interesante”
nº 275 páginas 100-112.

1/05/2004

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