Las cucarachas y usted. Espantoso enemigo
"Cucaracha, despreciable criatura
que atacas con tus dientes amarillos
y tu ejército de primos
grandes como mis zapatos,
pedazos de carbón mecanizados
que cuando prendo la luz huyen a los rincones,
fuente del rumor que hay en la tierra."
Anne Sexton: Cucaracha
El que dice que no sufre de ninguna fobia miente, o al menos eso creo
yo. Cuando se conoce a una persona lo suficiente, se entra en confianza
y se pasa una gran cantidad de tiempo conversando con ella, tarde o
temprano todos ellos confiesan un miedo irracional o fobia. Por lo menos
uno.
Yo, por cierto, tengo la mía. No es la ailurofobia (amo a los
gatos, de hecho tengo tres) ni la aracnofobia (cuidaba con esmero la
araña pollito de un amigo) ni tampoco la claustrofobia (me siento
perfectamente cómodo encerrado en un armario, y los ataúdes
no me impresionan en lo absoluto).
Mi fobia son las cucarachas. Es una de las fobias más comunes,
del grupo de las entomofobias (miedo a los insectos) y, a falta de un
nombre técnico para llamarla, yo mismo la bautizaré en
esta sencilla ceremonia: blatofobia.
Una fobia es algo normal, fisiológico, siempre
que no interfiera con la vida normal de la persona. ¡Pobre de
aquél que tenga fobia a los políticos o a las empresas
privatizadas! Por eso lo mío no es tan grave. Sólo odio
y temo a esos pequeños insectos (bueno, no tan pequeños...).
El temor, ya lo sé, proviene de la infancia, y no discrimina
entre las diferentes especies. Si es una cucaracha, yo le temo.
Por suerte, la solución es simple: siguiendo al pie de la letra
sus indicaciones, cualquier psicólogo congnitivo-conductista
es capaz de hacerme superar el problema en 10 sesiones escasas.
Algún día, lo prometo, me dedicaré a ello.
Pero, dejando aparte mi fobia, nos quedan las cucarachas.
Parientes cercanas de las mantis (la famosa y feroz Mantis Religiosa,
Ameles abjecta, nunca mejor colocado el nombre taxonómico), las
cucarachas se clasifican en el Orden Dictyoptera ("alas reticulares"
en griego), de la clase Insecta ("animales segmentados", en
griego).
El oscuro objeto del miedo de más o menos 190 millones de personas
no es en modo alguno un recién llegado a nuestro planeta: ya
abundaban en las selvas tropicales de Pangea hace más de 250
millones de años, esto es, en el período Carbonífero.
Esta circunstancia la convierte en el más antiguo de los insectos
vivientes. Sabemos hoy que en el Carbonífero había más
cucarachas que la suma de todos los otros insectos alados. Desde los
oscuros, húmedos y cálidos pantanos y pluvisilvas de Pangea
hasta la cocina de su casa o la mía, las malhadadas cucarachas
han recorrido un camino comparativamente corto, en términos evolutivos:
si yo le muestro a usted un fósil de cucaracha de 250 millones
de años, las diferencias estructurales que muestra con respecto
a las de hoy día son invisibles para cualquiera que no sea un
especialista. Es evidente que, al igual que otros "fósiles
vivientes" como el celacanto, los cocodrilos o los tiburones, el
diseño original fue tan pero tan exitoso que la Madre Naturaleza
no encontró razones para modificarlo en tantos millones de años.
Como aparecieron cuando los continentes estaban todos unidos, las cucarachas
no necesitaron de barcos ni de balsas para colonizar todo el planeta.
Les bastaron sus ágiles y espinosas patas para caminar de un
polo al otro, tranquilamente. No en vano varias especies actuales llevan
el nombre genérico Periplaneta, que significa "el que vagabundea
por todas partes". En sentido no tan clásico, yo diría
que el nombre puede también traducirse como "alrededor del
mundo". Ambas afirmaciones son ciertas con respecto a las cucarachas.
Existen en la actualidad unas 3.500 especies de cucarachas,
la mayoría de las cuales viven en ambientes cálidos, húmedos
y tropicales. A poco que razonemos, comprenderemos que ése es,
precisamente, el entorno que buscan cuando se aposentan en nuestras
cocinas o dentro de los gabinetes de los motores de nuestras heladeras.
Sin embargo, las cucarachas "amigas del hombre" son pocas
frente a sus hermanas salvajes: solamente unas 100 especies frecuentan
al extraño primate, y apenas 25 tienen status de "plaga".
Suerte que tenemos, ¿no le parece?
La capacidad de supervivencia de las cucarachas es sencillamente asombrosa
(los blatofóbicos leeremos "espantosa"). Para muestra
basta un botón:
El sistema nervioso de la cucaracha está completamente repartido
o "descentralizado" por todo el cuerpo, y este diseño
es común en muchos insectos, a tal punto que los entomólogos
dicen que los insectos "piensan con la periferia del cuerpo".
Casi todos sus comportamientos instintivos están basados en el
sistema nervioso periférico y, de este modo, muchas de sus conductas
devienen más rápidas y eficientes que si tuvieran que
ir hasta el ganglio cefálico principal (lo que llamaríamos
"cerebro") y volver. La cucaracha, entonces, tiene tres ganglios
cefálicos (cerebro, ganglio central y subesofágico), varios
ganglios torácicos (T1, T2...) y varios otros abdominales (A1,
A2...). Los abdominales controlan funciones como la reproducción,
y los torácicos otros como el vuelo o la fuga. Si usted ha entrado
alguna vez en su cocina y encendido la luz, habrá observado la
pasmosa, inconcebible velocidad de los reflejos de la cucaracha, que
la hace buscar refugio en la oscuridad bajo un mueble en minúsculas
fracciones de segundo. ¿Cómo lo logra? Gracias a su descentralización
nerviosa. Cerca de la cola la cucaracha posee unos sensores de luz,
que, al detectar la claridad, envían una señal al ganglio
abdominal distal (A6). En este hay tres neuronas gigantes, cuyos axones
van, sin escalas, a los tres ganglios torácicos T1, T2 y T3 que
controlan los tres pares de patas. En cuestiones de décimas de
segundo, las patas llevarán al insecto a un lugar donde A6 no
encuentre luz. Estará, entonces, en una grieta del piso o algo
similar, y por lo tanto, fuera de su alcance y a salvo.
Las cucarachas han dominado la Tierra durante cientos
de millones de años, y, como otros insectos, son capaces de hazañas
increíbles, como por ejemplo la proeza de sobrevivir a tasas
de radiación que son letales para otros organismos más
evolucionados.
¿Por qué ocurre ello? Por la simple razón de que
las células animales son absolutamente susceptibles a las radiaciones
cuando la misma las sorprende en proceso de división. Ésta
es la razón de que el cáncer se trate con radiación,
porque los tejidos cancerosos tienen a sus células en permanente,
frenética división, lo que los hace más susceptibles
a la radioterapia que las células normales.
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Repugnante simposio
de Periplaneta americana en el Zoo de San Francisco
La vida de las cucarachas se basa en la muda de su piel (estrictamente,
su exoesqueleto). Existe una regla llamada la Ley de Dyar que establece
que los insectos —y también los artrópodos en general—
doblan su peso en cada ciclo de muda. Esto significa que cada célula
de su cuerpo se ha dividido sólo una vez en el tiempo que media
entre una muda y otra. La cucaracha suele mudar de exoesqueleto una
vez a la semana, pero una célula cualquiera de esa cucaracha
estará en división sólo 48 horas dentro de esa
semana, y en reposo reproductivo el resto de los días. Extendiendo
esta cifra a una estadística grupal, ello vendrá a significar
que solamente una cuarta parte de las cucarachas irradiadas tendrán
células en reproducción, y los tres cuartos restantes
no, en un momento dado. Tal afirmación se puede demostrar experimentalmente
sometiendo grupos de cucarachas a intensas radiaciones gamma. Sólo
la cuarta parte de la población irradiada morirá, mientras
que las restantes seguirán su vida como si tal cosa. Es por ello
que suele decirse que, en caso de una guerra nucelar o evento catastrófico
similar, las cucarachas (junto con los demás insectos y artrópodos)
heredarán la Tierra, para desdicha de nosotros los blatofóbicos.
Los organismos superiores (Homo sapiens, por ejemplo) moriremos de inmediato,
porque varios de nuestros tejidos más críticos, como la
médula ósea, responsable de la producción de nuestra
sangre y de nuestra respuesta inmunitaria, están en proceso de
división todo el tiempo. No tenemos un "tiempo muerto"
que nos permita ser inmunes a la radiación durante ciertos períodos.
Las costumbres alimenticias de las cucarachas también
están orientadas a garantizar su supervivencia a cualquier costo:
estamos hablando del más omnívoro de todos los omnívoros
del mundo, capaz de alimentarse prácticamente de todo material
o elemento a su alcance.
Las cucarachas comen sustancias en fermentación, ropa, cabello,
cuero, papel tapiz, heces y, por supuesto, alimentos de consumo humano.
Se han visto casos de niños mordidos por cucarachas, especialmente
en el lóbulo de la oreja.
Si se les da a elegir, empero, preferirán siempre los carbohidratos
antes que las proteínas o las grasas, porque aquellos son más
energéticos. Algunas conductas inexplicables se resuelven a través
de esta característica. ¿Quién no ha encontrado
una cucaracha tras el empapelado, entre una pila de sobres o encima
de la barra de jabón blanco en la cocina? Todos estos materiales
(la goma del empapelado o el sobre, por ejemplo), contienen grandes
cantidades de hidratos de carbono, lo que los convierte en irresistibles
golosinas para los asquerosos blátidos.
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Feliz familia
de P. americana: arriba y abajo, ninfas en el estadio
1 y 9, respectivamente; izquierda, hembra adulta; derecha, macho.
En el centro: ooteca.
Es difícil, además, matarlas de hambre:
la privación de alimentos desata en sus cerebros un arco reflejo
que concluye en la secreción de la hormona que provoca la muda.
La cucaracha comienza entonces a cambiar la piel a ritmos dementes,
y pasa el resto de su enclaustramiento devorando tranquilamente sus
exoesqueletos viejos. Y, por supuesto, en caso de duda, sus benévolas
naturalezas no les impiden devorarse salvajemente entre sí, a
sus propias crías, madres y padres, ya que adscriben al viejo
adagio que reza "mejor blátido caníbal que blátido
muerto".
A pesar de que los ancestros de las cucarachas dominaron
todo el mundo simplemente caminando, los medios de transporte modernos
las ayudaron a viajar cuando los continentes se separaron: la universalidad
actual de estos insectos tiene sólo unos 200 años, exactamente
sincronizada con los grandes viajes comerciales que comenzaron a principio
del siglo XIX.
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Una vieja conocida.
Bajaron de los barcos en América, y fueron tan
audaces como para intentar colonizar, también, otros planetas.
¿No me cree? Hace mal. El comandante de la Apollo XII, Pete Conrad,
mostró un hermoso ejemplar de cucaracha ante la cámara
durante la conferencia de prensa que sostuvieron los tripulantes durante
el viaje de regreso a la Tierra. Dijeron incluso que habían visto
más de una, pero, tras una minuciosa inspección de la
nave, nadie pudo encontrar otro ejemplar aparte del que estaba en poder
de Conrad. La única explicación plausible es que el ansia
colonizadora de los blátidos llevó a las demás
a desembarcar en la Luna, obteniendo así una horrible muerte
a cambio de sus desvelos por ampliar los horizontes de la especie.

Cucaracha astronauta:
el comandante Peter Conrad de la misión Apollo 12 muestra el
ejemplar capturado durante el viaje de regreso.
El ciclo vital de las cucarachas está, también,
perfectamente adaptado a su extrema capacidad de supervivencia. Si bien
las costumbres de cortejo varían de especie a especie, se pueden
generalizar bastante. Daremos aquí como ejemplo a la cucaracha
americana.
Llegada la época de cría, la hembra libera una feromona
o mensajero químico oloroso que atrae a los machos, inclusive
desde grandes distancias.
El macho agita sus alas y copula con las hembras, transfiriéndoles
grandes cantidades de esperma. Éste es el comportamiento más
típico. Sin embargo, algunas especies tienen conductas de apareamiento
más elaboradas, que pueden incluir ruidos como los de los grillos.
Algunas especies africana tienen elaboradas jerarquías sociales,
y en ellas, por supuesto, las hembras prefieren para aparearse a los
machos dominantes o alfa.
Las hembras colocan juntos a los huevos fertilizados de este modo y
los adhieren entre sí mediante una especie de cemento, que al
secar forma una cubierta compacta y dura, casi inmune a las mandíbulas
de los depredadores, que contiene a los huevos en su interior. Esta
estructura se llama ooteca. Lo que hacen las hembras con la ooteca también
varía según la especie: la americana simplemente la abandona
en un lugar que considera protegido, mientras que la Blatella germanica
la mantiene dentro del ovopositor y la lleva consigo casi hasta el momento
de la eclosión.
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P. americana al desnudo.
Las ootecas contienen entre 16 y 32 huevos, de los
que, a su tiempo, saldrán las ninfas. Los ejemplares juveniles
pasarán por toda una serie de metamorfosis parciales, llamadas
instancias, separadas entre sí por una muda del exoesqueleto.
Al principio las alas serán rudimentarias, y los juveniles se
irán pareciendo más y más a sus mayores, pasando
por las instancias que se numeran del 1 al 9) hasta convertirse en adultos
voladores sexualmente activos (aquí corresponde aclarar que las
cucarachas sólo son capaces de volar cuando la temperatura y
la humedad ambiente se encuentran dentro de determinado rango, relativamente
alto. No pueden hacerlo en ambientes fríos y secos).
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Ciclo vital de
la Blatella germanica: a - macho; b - hembra;
c - ninfas en diversos estados de desarrollo; d - ooteca.
Las hembras de algunas especies evidencian un raro
(entre los insectos) instinto maternal, y llevan a sus ninfas con ellas,
facilitándoles la alimentación y ayudándoles a
huir de los predadores.
Al revés de otras especies, que son muy selectivas a la hora
de albergar bacterias digestivas en sus intestinos, las cucarachas llevan
simbiontes de muy diversa variedad. Es esto, en definitiva, lo que las
capacita para ser prácticamente omnívoras absolutas. En
consecuencia, han ocupado durante cientos de millones de años
un importante y efectivo papel en el equilibrio de las especies, lo
que explica su éxito y longevidad como grupo.
Conocidas, como se comprende, desde la más remota
antigüedad, no es sorprendente que las cucarachas hayan sido utilizadas
como remedio casero y aún académico por muchas culturas.
Los boticarios de la antigua China recetaban cucarachas secas para tratar
los problemas abdominales y digestivos. Hoy día se siguen vendiendo
en las farmacias cinas de Taipei y también en el Barrio Chino
de San Francisco.
Los médicos griegos recomendaban mezclar polvo de cucarachas
con aceite de rosas (¿?) para que lo bebieran los enfermos de
otitis.
La cucarachas desecadas se usaban como medicina para la pleuresía
y la pericarditis en la Rusia Zarista, mientras que la edición
1907 del vademécum de Merck las inica como muy buenas para el
Mal de Bright (una grave insuficiencia renal crónica). Así,
podemos rastrear un insano uso de las cucarachas como agentes medicinales
desde el New York Tribune en 1886 hasta el Manual Médico de Malasia
en 1930. El célebre cantante y trompetista Louis Armstrong solía
referir que durante toda su infancia se le administraban cucarachas
para casi cualquier enfermedad.
Es un error. A pesar de que las cucarachas son uno
de los animales más limpios que existen (pasan gran parte de
su tiempo limpiándose y lamiéndose meticulosamente, como
los gatos) la misma permisividad de su intestino hacia los microbios
las convierte en peligrosísimos y mortíferos portadores
de enfermedades.
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Blatella germanica.
En el tubo digestivo de cualquier cucaracha encontraremos
toda clase de bacterias patógenas (salmonellas, estafilococos,
estreptococos), y virus (poliovirus), y son capaces de transmitir y
dispersar un enorme rango de enfermedades, que va desde la fiebre tifoidea
hasta la poliomielitis, pasando por disentería, faringitis, amigdalitis,
muerte fetal o perinatal, infecciones dérmicas, infecciones cardíacas,
del recién nacido, del transplantado, del portador de HIV, meningitis
y varios tipos de gastroenteritis. Como la cucaracha no ataca a los
microorganismos que ingiere, estos pueden vivir meses y aún años
en el interior del insecto, siendo eliminados por la materia fecal.
El hombre se contagia al ingerir alimentos contaminados por las deposiciones
del bicho.
Devienen lógicos, entonces, los esfuerzos para erradicar a las
pocas especies que conviven con el ser humano.
Los métodos químicos probaron ser muy efectivos con el
descubrimiento del DDT, pero, gradualmente, estos supervivientes natos
se han ido volviendo resistentes. Se han intentado más tarde
multitud de métodos de exterminio, incluyendo la esterilización
masiva y los cebos venenosos perfumados con feromonas sexuales, que
supuestamente llevarían a los machos a la muerte (muchas trampas
domésticas que se venden comercialmente se basan en este principio).
Sin embargo, tales intentos han probado ser ineficaces a gran escala.
Debemos conocer más acerca de la conducta del insecto para descubrir
las mejores formas de pasarlos a mejor vida.
Las especies que infestan el hábitat humano
en el hemisferio occidental son básicamente tres: la Blatta orientalis
en el Viejo Mundo, y Periplaneta americana y Blatella germanica en el
continente americano. Estas dos últimas, además, son las
más conocidas en la Argentina. Usted podrá diferenciarlas
fácilmente: americana es la cucaracha grande y marrón
oscura, mientras que germanica es más pequeña y amarillenta,
conocida como "cucaracha rubia".
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Ooteca.
Las cucarachas, como hemos dicho, se alimentan primordialmente
de desechos, por lo que mantener una escrupulosa higiene de cocinas,
baños y patios es esencial. Si usted acostumbra guardar diarios,
papeles o cartones apilados, no está haciendo más que
obsequiar un "fast-food" a las cucarachas, ya que adoran comer
esos materiales,
Una canilla que gotea es un bar al paso para los blátidos, porque
se trata de animales que siempre están sedientos. Si usted tiene
cuidado en reparar las pérdidas, cueritos de las canillas, etc.,
las cucarachas comenzarán a sentirse como camellos en el desierto,
y se mudarán a otro sitio donde no sufran el tormento de la sed.
En efecto, las cucarachas se deshidratan a ritmos muy veloces, y lo
único que las aísla de la pérdida de humedad es
su exoesqueleto impermeable. Este Talón de Aquiles blátido
ha permitido desarrollar un ingenioso método para pasarlas a
valores: se espolvorea tierra de diatomeas (esas algas microscópicas
que tienen una cubierta triangular y de bordes filosos, que se usa para
pulir los dientes en nuestros dentífricos) por las zonas donde
se han visto cucarachas. Como las diatomeas son abrasivas, el frotamiento
de la quitina de las cucarachas contra las mismas va desgastando sus
exoesqueletos, que pronto comenzarán a filtrar humedad, llevando
al insecto a una rápida y espantosa muerte por deshidratación.
La tierra de diatomeas tiene la gran ventaja de ser un método
de exterminio rápido, fiable y no tóxico, por lo que es
muy recomendable para proteger a sus mascotas, niños y plantas.
Las trampas comestibles tipo Cucatrap son también buenas si la
cantidad de ejemplares a matar no es desmesurada, pero tienen el inconveniente
de su costo relativamente alto. Como servicio a la comunidad, le paso
la receta de una trampa casera tan efectiva como las comerciales: reparta
por los sitios infectados varios frascos de vidrio con el interior aceitado
o engrasado; ponga en el fondo de cada uno un poco de miel, y déjelos
destapados al alcance de las cucarachas. Los insectos, que no pueden
resistirse al alto contenido de azúcares de la miel industrial,
treparán a los frascos y se introducirán en ellos. Luego
de comer, no podrán salir, porque sus patas no encontrarán
agarre sobre el vidrio aceitado del interior del frasco. De tal modo,
como necesitan grandes cantidades de agua para metabolizar los hidratos
de carbono, morirán de sed y usted será el feliz causante
de un masivo y espantoso genocidio cucarachil
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Pareja
de Blatta
orientalis
con su ooteca.
Otra buena medida es revisar periódicamente bajo la heladera,
las estufas y otros muebles y artefactos que producen calor y humedad,
ambiente preferido de su enemiga la cucaracha. Revoque y repare las
grietas y las fisuras de paredes y techos, que suelen oficiar de hoteles
baratos y nurseries blátidas. Mantenga las plantas del jardín
vigiladas y podadas, porque los bichos adoran las hojas muertas y los
tallos y raíces podridos. Obvia pero no por ello menos
Importante es la necesidad de no acumular basura en la casa, de barrer
todos los días y de mantener el ambiente libre de restos de alimentos,
polvo y otros desechos.
La Humanidad ha luchado contra las cucarachas desde
el inicio mismo de nuestra existencia, pero actitudes raras siempre
ha habido y las habrá.
Aunque para un fóbico como quien les habla esto sea incomprensible
(por no decir directamente insano), hay dos especies de cucarachas que
se comercializan y mantienen como mascotas en terrarios y peceras: la
cucaracha silbadora de Madagascar y la cucaracha gigante brasileña.
Sobre gustos no hay nada escrito...
Agradecemos
al autor su permiso para publicarlo.
"Publicado originalmente en Revista Axxón
(www.axxon.com.ar)".