Desde el 10 de Enero de 2001






Los Robles de la Casa de Campo de Madrid. Batán
C. velotinus y O. nasicornis

       Todavía, aunque cada vez menos, podemos gozar en nuestros paseos por el robledal de Batán y en la ribera del arroyo, que por allí pasa, de la diversidad de insectos que se desarrollan y revolotean en los días calurosos. El número de invertebrados es numeroso y se encuentran en todos los rincones, entre los tallos de las herbáceas, en los cardos, en las flores, sobre y sumergidos en las aguas del arroyo, en los tocones, en los troncos de los robles... y esto es lo que llama la atención. Unos robles tan robustos y sin embargo minados, llenos de galerías que en algunos casos son visibles. Galerías grandes, por lo que han debido de albergar a especies de un tamaño considerable. Por el día nada podemos ver, tan solo las mariposas, algunos coleópteros de la familia bupréstidos, los cetónidos que al volar entre el sol destellan en reflejos metálicos.


      Cuando la tarde cae, las farolas comienzan a encenderse y pronto podemos ver algunas sombras que revolotean cerca del foco de luz, parecen grandes, incluso escuchamos su zumbido. De pronto, al pasar cerca de un roble, percibimos algo que se mueve en el tronco. Nos acercamos... y allí está, imponente, altivo, majestuoso, se trata de un cerambícido de gran porte. Lleva las antenas hacia delante y algo levantadas, las mueve despacio, camina sin prisa. Se trata del Cerambyx velotinus Brull, 1832. Su cuerpo es de color marrón rojizo oscuro, antenas en el macho mas largas que el cuerpo, élitros convexos, pronoto muy granulado. Su tamaño oscila entre los 25 y 60 mm. La hembra es más robusta, más ancha y sus antenas llegan a la mitad del cuerpo aproximadamente. Sus larvas se desarrollan en el interior de los robles minándolos durante 3 ó 5 años. Durante este periodo tan largo de tiempo y las innumerables generaciones que han pasado por allí han llegado a tumbar y abrir muchos robles, por lo que nos es posible detectar y ver las profundas galarerías.
      Por la noche es posible verlos en los troncos luchando por la hembra que suele estar cerca, y no es raro ver un grupo de hasta cinco enfrascados en una terrible pugna con sus mandíbulas mientras uno de sus congéneres, más pequeño, copula con la hembra que se encontraba cerca.


     Otro gran coloso, vecino de éste, prefiere el subsuelo. Es portador de una gran prominencia cefálica. Es también nocturno, durante el día permanece oculto entre el las hendiduras de un tocón o bajo el suelo en la base de un roble o tocón. Al atardecer emerge silencioso y lento para dejarse atraer por las luces. Su zumbido es notable, aunque su vuelo más corto que la especie anterior. Nos estamos refiriendo al escarabajo rinoceronte, el Oryctes nasicornis L. Ssp grypus Illig. 1803. Una perfecta excabadora, adaptada para abrirse camino en el subsuelo. De color castaño rojizo oscuro, muy similar al Cerambyx velotinus, los machos portan en la cabeza un gran cuerno levantado y curvado hacia atrás.
      Pero, ¿qué une a estas dos especies tan diferentes, una perteneciente a la familia Cerambycidae, y el Oryctes a la Dynastidae? El serrín. Sí, eso es, el serrín que las larvas del Cerambyx velotinus va tirando al minar los troncos. Se puede ver con facilidad, en la base de un tronco una gran cantidad de serrín, muchas veces mezclada con la tierra, por causa de las propias larvas de Oryctes nasicornis L. Pero todavía nos queda otro insecto que se encuentra en la cadena de estos dos anteriores y que afecta directamente al último. Es un himenóptero grande que parasita a las larvas del Oryctes nasicornis. Recuerdo, que en muchas de mis incursiones, las utilicé para detectar la presencia de larvas de Oryctes nasicornis L. No fallaba, allí donde revoloteaba un himenóptero de estos, se encontraba la larva, y muchas veces los adultos. Me refiero a la Scolia flavifrons, estudiada en profundidad por Fabre.
      Estas fantásticas avispas tienen la particularidad de especializarse en una familia, género e incluso especie. Así, la especie Scolia bifasciata elige la larva de la Cetonia cartami Gory ssp. auratasformis Curti 1913, un bello coleóptero que podemos observarlo en la Casa de Campo; La Scolia interrupta está ligada a las larvas de dos especies de coleópteros del género Anoxia (Scarabaeidae). La Scolia flavifrons prefirió las larvas del Oryctes nasicornis L.


     El entomólogo italiano Passerini publicó un artículo sobre la vida de este bonito himenóptero. Observó como la avispa madre buscaba la corpulenta larva entre la mezcla de serrín y tierra, en la base de los tocones y troncos de Quercus, y cuando la detectaba, depositaba un huevo sobre la víctima.

 

      Al eclosionar el huevo, la pequeña larva muerde a su presa entre el sexto y séptimo segmento del blando cuerpo e introduce los tres primeros anillos de su cuerpo en el interior; seguidamente da comienzo la susción hasta que solo queda la piel.

      El ciclo no se cierra, el engranaje es más amplio, y eso hace que la Naturaleza sea tan perfecta. Claro, que si el ser humano interrumpe el ciclo, rompe la cadena, puede generar desequilibrios que se traducirán en plagas...

 

 

 

 

 

Miguel Moya Aliaga
Fotografías: Miguel Moya A.

Información en ...