Todavía,
aunque cada vez menos, podemos gozar en nuestros paseos por el robledal
de Batán y en la ribera del arroyo, que por allí pasa,
de la diversidad de insectos que se desarrollan y revolotean en los
días calurosos. El número de invertebrados es numeroso
y se encuentran en todos los rincones, entre los tallos de las herbáceas,
en los cardos, en las flores, sobre y sumergidos en las aguas del arroyo,
en los tocones, en los troncos de los robles... y esto es lo que llama
la atención. Unos robles tan robustos y sin embargo minados,
llenos de galerías que en algunos casos son visibles. Galerías
grandes, por lo que han debido de albergar a especies de un tamaño
considerable.
Por el día nada podemos ver, tan solo las mariposas, algunos
coleópteros de la familia bupréstidos, los cetónidos
que al volar entre el sol destellan en reflejos metálicos.

Cuando la tarde cae, las farolas
comienzan a encenderse y pronto podemos ver algunas sombras que revolotean
cerca del foco de luz, parecen grandes, incluso escuchamos su zumbido.
De pronto, al pasar cerca de un roble, percibimos algo que se mueve
en el tronco. Nos acercamos... y allí está, imponente,
altivo, majestuoso, se trata de un cerambícido de gran porte.
Lleva las antenas hacia delante y algo levantadas, las mueve despacio,
camina sin prisa. Se trata del Cerambyx velotinus Brull, 1832.
Su cuerpo es de color marrón rojizo oscuro, antenas en el macho
mas largas que el cuerpo, élitros convexos, pronoto muy granulado.
Su tamaño oscila entre los 25 y 60 mm. La hembra es más
robusta, más ancha y sus antenas llegan a la mitad del cuerpo
aproximadamente. Sus larvas se desarrollan en el interior de los robles
minándolos durante 3 ó 5 años. Durante este periodo
tan largo de tiempo y las innumerables generaciones que han pasado por
allí han llegado a tumbar y abrir muchos robles, por lo que nos
es posible detectar y ver las profundas galarerías.
Por la noche es posible verlos en
los troncos luchando por la hembra que suele estar cerca, y no es raro
ver un grupo de hasta cinco enfrascados en una terrible pugna con sus
mandíbulas mientras uno de sus congéneres, más
pequeño, copula con la hembra que se encontraba cerca.

Otro gran coloso, vecino de éste,
prefiere el subsuelo. Es portador de una gran prominencia cefálica.
Es también nocturno, durante el día permanece oculto entre
el las hendiduras de un tocón o bajo el suelo en la base de un
roble o tocón. Al atardecer emerge silencioso y lento para dejarse
atraer por las luces. Su zumbido es notable, aunque su vuelo más
corto que la especie anterior. Nos estamos refiriendo al escarabajo
rinoceronte, el Oryctes nasicornis L. Ssp grypus Illig.
1803. Una perfecta excabadora, adaptada para abrirse camino en el subsuelo.
De color castaño rojizo oscuro, muy similar al Cerambyx velotinus,
los machos portan en la cabeza un gran cuerno levantado y curvado hacia
atrás.
Pero, ¿qué une a estas
dos especies tan diferentes, una perteneciente a la familia Cerambycidae,
y el Oryctes a la Dynastidae? El serrín. Sí,
eso es, el serrín que las larvas del Cerambyx velotinus
va tirando al minar los troncos. Se puede ver con facilidad, en la base
de un tronco una gran cantidad de serrín, muchas veces mezclada
con la tierra, por causa de las propias larvas de Oryctes nasicornis
L. Pero todavía nos queda otro insecto que se encuentra en la
cadena de estos dos anteriores y que afecta directamente al último.
Es un himenóptero grande que parasita a las larvas del Oryctes
nasicornis. Recuerdo, que en muchas de mis incursiones, las utilicé
para detectar la presencia de larvas de Oryctes nasicornis
L. No fallaba, allí donde revoloteaba un himenóptero de
estos, se encontraba la larva, y muchas veces los adultos. Me refiero
a la Scolia flavifrons, estudiada en profundidad por Fabre.
Estas fantásticas
avispas tienen la particularidad de especializarse en una familia, género
e incluso especie. Así, la especie Scolia bifasciata elige la
larva de la Cetonia cartami Gory ssp. auratasformis
Curti 1913, un bello coleóptero que podemos observarlo en la
Casa de Campo; La Scolia interrupta está ligada a las
larvas de dos especies de coleópteros del género Anoxia
(Scarabaeidae). La Scolia flavifrons prefirió las larvas
del Oryctes nasicornis L.
El entomólogo italiano Passerini
publicó un artículo sobre la vida de este bonito himenóptero.
Observó como la avispa madre buscaba la corpulenta larva entre
la mezcla de serrín y tierra, en la base de los tocones y troncos
de Quercus, y cuando la detectaba, depositaba un huevo sobre la víctima.
Al eclosionar el
huevo, la pequeña larva muerde a su presa entre el sex
to
y séptimo segmento del blando cuerpo e introduce los tres primeros
anillos de su cuerpo en el interior; seguidamente da comienzo la susción
hasta que solo queda la piel.
El ciclo no se
cierra, el engranaje es más amplio, y eso hace que la Naturaleza
sea tan perfecta. Claro, que si el ser humano interrumpe el ciclo, rompe
la cadena, puede generar desequilibrios que se traducirán en
plagas...
