D. Antonio Garrido Vivas

          El 24 de enero de 2000 falleció el que fue primer presidente de la Sociedad Española de Entomología Aplicada, el investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) Dr. Antonio Garrido.

      Antonio Garrido Vivas nació en Lucena del Puerto (Huelva) en el seno de una familia de agricultores y ganaderos. En su juventud ayudaba a su padre en los cultivos, cooperando en los trabajos para la obtención de aceite de oliva y vino. Desde muy pequeño tuvo gran afición a las cosas del campo, y al cuidado y cría de animales. Estudió en los escolapios de Sevilla, donde terminó el bachillerato. A la hora de elegir carrera pensó en veterinaria, por ser veterinario un primo suyo y por el ambiente familiar, pero finalmente se decidió por los estudios de Perito Agrícola, que realizó en Sevilla y finalizó en 1963. Entre 1963 y 1967 trabaja en la Jefatura Agronómica de Sevilla, en el cultivo y mejora del olivo.

      Desde 1967 hasta 1972 es Maestro de Laboratorio en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid. Durante este periodo finaliza sus estudios de Ingeniero Agrónomo y es cuando inicia su preparación entomológica, dedicando muchas horas al estudio de las plagas gracias a la colección y bibliografía del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA) de Madrid, donde colabora como meritorio en diversos trabajos de investigación. Cuenta en este periodo con las enseñanzas y consejos de D. Miguel Benlloch, D. Eugenio Morales Agacino y D. Manuel Arroyo.

      Tras una breve estancia de medio año en el INIA de Córdoba, dedicado a la sistemática y cría de lepidópteros, se traslada durante un año (1973) a diversos centros de investigación agraria (INRA) de Francia (Versalles, Montfavet, Antibes y Burdeos) con una beca BIRF. En este periodo es donde verdaderamente pone en marcha una latente vocación entomológica iniciada años antes, adquiriendo una sólida formación en sistemática, cría artificial en laboratorio de diversas especies de insectos, y lucha biológica e integrada.

      Al regresar a España en 1974 obtiene el título de doctor y se incorpora como investigador al centro del INIA en Burjassot, transformado luego en IVIA de Moncada, donde ha permanecido todo el resto de su vida profesional hasta su reciente fallecimiento. Allí Antonio Garrido pudo desarrollar su afición al campo y a la fauna a través de una intensa vida profesional, en la que alcanzó gran prestigio en múltiples ámbitos: la investigación, la experimentación, la formación y la transferencia. Antonio fue sin duda un entomólogo vocacional nato. Sus estudios y trabajos son fruto de su gran capacidad de observación, contraste y evaluación, consumiendo horas sin límite tanto en el laboratorio como en el campo, y desarrollando una intensa actividad de contactos, entrevistas y conferencias que le dio gran proyección a nivel nacional e internacional.

      Dirigió numerosos proyectos de investigación en los últimos 20 años. Los resultados que obtuvo en sus investigaciones han sido de gran interés y utilidad para los agrónomos y colegas en Sanidad Vegetal. Sus investigaciones han sido transferidas en más de 150 trabajos publicados, la mayoría de ellos en Anales del INIA (o en su denominación posterior de Investigación Agraria), Boletín de Sanidad Vegetal y Levante Agrícola, y también en muchas otras revistas tanto nacionales como internacionales.

      Dos tercios de estas publicaciones están dedicadas a plagas del cultivo de los cítricos, lo que refleja su dedicación prioritaria e interés por los problemas de la zona donde vivió y en la que desarrolló la mayoría de su actividad profesional. El tema al que ha dedicado más tiempo (con casi medio centenar de publicaciones), que más le caracteriza para sus colegas y que tal vez más proyección le ha proporcionado en todos los ámbitos ha sido el de la mosca blanca de cítricos Aleurothrixus floccosus y su parásito Cales noacki, tema en el que realizó numerosos estudios en diversos aspectos. La mosca blanca fue en los años setenta una nueva y gravísima plaga de los cítricos, y pasó a ser con el tiempo uno de los más claros ejemplos del éxito que puede obtenerse con el control biológico de plagas en nuestro país.

      Realizó también numerosos estudios y publicaciones en otras plagas de cítricos, destacando entre ellas el ácaro rojo Panonychus citri, el efecto de plaguicidas en la fauna útil del cultivo (Cales noacki, Cryptolaemus montrouzieri, Rodolia cardinalis, Lysiphlebus testaceipes, … ) y más recientemente la mosca de la fruta Ceratitis capitata y el minador de hojas Phyllocnistis citrella. Además de numerosas publicaciones, en este grupo de temas se encuentran la mayoría de las once tesis doctorales que dirigió. Dirigió asimismo numerosas tesinas de licenciatura, trabajos de fin de carrera y trabajos de máster.

      Pero además, su gran curiosidad, dotes de observación y capacidad de trabajo le llevaron a realizar observaciones y publicaciones en otras plagas de cítricos, como pseudocóccidos, otras moscas blancas, cochinillas y lucha integrada. Había ya publicado un libro sobre plagas de cítricos, pero en los últimos años comentaba a menudo su interés en realizar un libro más amplio y ambicioso sobre este tema cuando llegara su jubilación, libro para el que iba acumulando información y observaciones, y del que tenía bastante material preparado. Junto a lo anterior merece destacarse un tema fuera del ámbito citrícola al que destinó muchos esfuerzos, plasmados en una tesis doctoral y numerosas publicaciones, sus investigaciones de campo y laboratorio sobre el gusano cabezudo Capnodis tenebrionis.

     Él mismo resumía hace cinco años los resultados más sobresalientes de su actividad investigadora centrándolos en cuatro aspectos, estudios sobre la mosca blanca de cítricos y el Cales, estudios sobre el ácaro rojo Panonychus citri, efecto de plaguicidas en fauna útil de cítricos, y estudios sobre el gusano cabezudo. Habría que añadir a ello los dos temas en los que centró su actividad los últimos años, la mosca de la fruta Ceratitis capitata y el minador de hojas Phyllocnistis citrella.

     A la hora de llevar a cabo sus observaciones biológicas desarrolló metodologías con frecuencia originales y a veces casi heterodoxas, destacando sus técnicas de cría en cautividad de Aleurothrixus floccosus o de Capnodis tenebrionis, de parasitismo de Cales noacki o Ageniaspis citricola por transparencia de ejemplares parasitados, así como sus observaciones de la biología en campo de Ceratitis capitata y del mismo Capnodis tenebrionis. Su amplia experiencia en ensayos de laboratorio del efecto de plaguicidas en fauna útil le permitió desarrollar un procedimiento de ensayo sobre Cales noacki admitido como estándar por el Grupo de Trabajo "Plaguicidas y Organismos Beneficiosos" de la Organización Internacional para la Lucha Biológica (OILB).

      Todos estos trabajos han sido también transferidos en numerosas ponencias y comunicaciones a Congresos, Jornadas y al grupo de trabajo de Cítricos, y también en numerosas conferencias impartidas aquí y fuera de España. Toda esta intensa actividad hizo del Dr. Garrido una personalidad reconocida en el ámbito de las plagas agrícolas tanto en nuestro país como en el extranjero. En nuestro país, y a raíz de sus trabajos con la mosca blanca y su parásito el Cales noacki, se convirtió ya a finales de los años 70 en un referente fundamental en todos los aspectos relacionados con las plagas de cítricos. También en otros países se reconoció su labor, siendo solicitado en numerosas ocasiones en países citrícolas próximos como Italia, Francia, Portugal y Marruecos. Actuó como asesor internacional en plagas de cítricos, viajando por ello a diversos países como Suiza, Grecia, China, Argentina y Uruguay.

     Antonio Garrido tuvo una breve experiencia docente en 1972 en la ETSIA de Madrid, pero pronto se decantó por la experimentación e investigación. A pesar de su inclinación por la docencia, tal vez su visión de la realidad le hizo ver que no encontraría tiempo para dedicarse a dicha actividad, por lo que encauzó su vocación docente dentro de su trabajo en centros de investigación en la formación de especialistas ya titulados. Es decir, casi inconscientemente cambió la preparación de titulados por la formación de especialistas. A pesar de ello no se desvinculó de la Universidad, manteniendo estrechos contactos a través de convenios de investigación, participación en cursos y másters, en tribunales de tesis, tesinas y trabajos de fin de carrera y en otras muchas actividades. Testigo excepcional de ello es la Universidad Politécnica de Valencia, con cuyo Departamento de Producción Vegetal, y en especial con la unidad de Entomología Agrícola, mantuvo un estrecho y fructífero contacto.

      Los que le han conocido bien saben que su distracción favorita y su profesión coincidían. Su trabajo se desarrollaba tanto en el centro del IVIA como en su casa, y en él acumuló una valiosísima información escrita y en fotos que era fuente permanente de consulta para sus trabajos, publicaciones, informes y para ayudar a las personas a las que dirigía sus Tesis, tesinas y trabajos de fin de carrera. Esta fabulosa dedicación de tiempo fue posible en buena parte por la ayuda magnífica de su mujer, Mercedes Jartín, bibliotecaria del IVIA.

      El Dr. Garrido fue socio fundador en 1978 de la Sociedad Española de Entomología Aplicada, de la que fue primer presidente durante 10 años. Fue además miembro de la Sociedad Hispano-Luso-Americana de Lepidopterología, Sociedad Española de Ciencias Hortícolas, Asociación española de Entomología y de varios grupos de trabajo de la OILB.

      Antonio fue una persona honesta, sencilla, amable, cariñosa, prudente, reservada, consecuente con sus convicciones y contraria a protagonismos. Defendía con firmeza sus puntos de vista y mostraba gran seguridad en sus opiniones sobre temas científicos, opiniones en las que se translucían sus dotes de observación, su intuición y su amplia experiencia, pero lo hacía siempre en un tono amable y sin tratar de imponerlas a los demás. Era abierto a las consultas y dispuesto a viajar. Intentaba siempre dar respuesta a los problemas que se le planteaban y se desplazaba a observarlos directamente cuando era requerido, sin escatimar tiempo y esfuerzo. Se excedía en su trabajo y ello era aún más meritorio por tener a veces que acometer trabajos que implicaban esfuerzos físicos de desplazamientos al campo o conducción, sin importarle las limitaciones físicas y de salud que venía teniendo en los últimos años. La intensa y fructífera labor profesional que desarrolló a lo largo de su vida ha dejado una huella imborrable en el ámbito de la Entomología Agrícola.

Nuestro agradecimiento a la SEEA
http://www.seea.es/laseea/seeaint.htm

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